Para narrar la historia de la Sociología de la Evolución, debemos remontarnos al origen mismo del universo, a ese punto que llamamos el Absoluto Inmanifestado, la fuente de toda información y energía.

El Comienzo: La Emanación del Ser

Imagina un océano infinito de potencial puro, un campo de energía e información en perfecto equilibrio, sin forma, sin tiempo, sin espacio. Este es el Absoluto, el Ser, el "Cero" que contiene todas las posibilidades. En un acto de autoexpresión, el Ser emana una parte de sí mismo, una "copia" perfecta, pero con una función específica: crear. Este es el Padre, el principio masculino, la energía activa que utiliza la información del Ser para dar forma al universo.

Del Padre, a su vez, emana el Hijo, la conciencia inocente, el principio femenino, receptivo, listo para iniciar su viaje de aprendizaje y evolución. Esta Tríada (Ser, Padre, Hijo) no es una jerarquía de poder, sino una danza de funciones complementarias, una expresión de la unidad en la diversidad.

El Descenso: La Inmersión en la Materia

El Hijo, como una gota de agua que se separa del océano, desciende a través de las dimensiones, perdiendo gradualmente frecuencia vibratoria y velocidad, pero sin perder su esencia divina. Este descenso no es una caída, sino un proceso necesario para que la conciencia pueda experimentar la materia y adquirir la información contenida en ella.

En cada dimensión, la Tríada se manifiesta, adaptándose a las características de ese nivel. El Hijo va tomando información de los diferentes reinos: mineral, vegetal, animal. Aprende sobre la densidad, la forma, la supervivencia, el instinto, las emociones básicas.

La Experiencia Humana: El Centauro y el Despertar

Finalmente, la conciencia llega a la tercera dimensión, el mundo físico, y toma la forma humana. Pero este no es un humano "completo" todavía. Es un ser dual, un "centauro", con comportamientos tanto animales (instintivos, reactivos, automáticos) como racionales (analíticos, voluntarios).

Durante miles de años (aproximadamente 39,000), la humanidad vive en este estado de dualidad, experimentando el conflicto, el sufrimiento, la lucha por la supervivencia, la competencia, el individualismo. Las estructuras sociales reflejan este estado interno:

En este proceso, la humanidad viola las leyes de la naturaleza, genera desequilibrios ecológicos, crea sistemas sociales basados en la desigualdad y la injusticia. Pero todo esto es necesario para el aprendizaje, para descubrir la existencia de las leyes y las consecuencias de ir en contra de ellas.

El Cuarto Nivel: El Cambio de Polaridad

Llega un momento en que la conciencia, a través de la experiencia acumulada en la personalidad, comienza a comprender. Se da cuenta de que la lucha contra lo externo es inútil, que el sufrimiento es el resultado de la resistencia a la realidad, que la verdadera solución está en el cambio interno.

Este es el cambio de polaridad, el paso al cuarto nivel evolutivo. La persona renuncia a la lucha, a la agresión, a la culpa, al juicio. Acepta la realidad como perfecta y necesaria, y se enfoca en transformar sus propias creencias y actitudes.

En este nivel, surge la posibilidad de la convivencia pacífica, armónica y respetuosa. Se empieza a comprender que todos somos seres perfectos, aunque diferentes, y que cada uno está en su propio proceso de aprendizaje.

El Camino hacia la Unidad: Quinto, Sexto y Séptimo Nivel